En un descampado, lo encontré,
tirado en el suelo, morado,
lleno de heridas y abandonado.
Desnudo, sin brazos,
sin piernas,
sin corazón.
Putrefacción,
moscas,
acumulación.
Un olor peculidar,
no dulce,
pero agradable.
Estaba muerto,
pero sonreía,
sin más remedio,
cara cosida y boca destruida.
Poca sangre, mucho tiempo,
dolor denso.
Nadie le reclama, nadie lo busca,
abandonado,
se ofusca.
Quien quisiera estar en su lugar,
entre cementos y tormentos,
para aprender a jugar,
entre lamentos.