lunes, 15 de mayo de 2017

Hace buen día para morirse.

En un callejón, 
sin salida,
me encontré encerrada. 

Los vi acercarse, 
y me lo repitieron mil veces,
no debiste, no,
no debiste. 

Noté su mano impactar contra mi cara 
y su patada contra mi estomago. 
Perdí la visión, 
y seguido,
la respiración.

Por un momento, deje de sentirme viva. 

No iba a salir, no,
no iba a salir. 

Me repetí si aquello valía la pena, 
sí, 
creo, 
sí. 

Julio, 
dónde estás,
me repetía,
ah,
sí,
muerto.

Horas de dolor,
horas de tortura,
para qué,
me pregunté,
para qué.


Lo sentimos Z,
no queríamos,
pero así debe ser.

Y así acabé,
en un callejón, 
sin salida
y sentada contra la pared,
sin poderme mover,
sin ni siquiera llorar,
sin parpadear,
con la mirada fija,
mente en blanco,
mente muerta.


Después, me levanté,
me senté en la parada del autobús
y noté mil miradas,
por mi cara ensangrentada,
quizá,
por mi calma,
quizá,
por esa extraña situación.


Miré a la señora del lado y sonreí,
''Hace buen día''
seguido, 
respondió,
'' Sí ''
después sólo terminé mi frase, 

Hace buen día para morirse.
















viernes, 28 de abril de 2017

1

En un descampado, lo encontré,
tirado en el suelo, morado,
lleno de heridas y abandonado.

Desnudo, sin brazos,
sin piernas, 
sin corazón.

Putrefacción,
moscas, 
acumulación.

Un olor peculidar,
no dulce,
pero agradable. 

Estaba muerto,
pero sonreía, 
sin más remedio,
cara cosida y boca destruida. 

Poca sangre, mucho tiempo,
dolor denso.

Nadie le reclama, nadie lo busca,
abandonado, 
se ofusca. 

Quien quisiera estar en su lugar,
entre cementos y tormentos,
para aprender a jugar,
entre lamentos.

miércoles, 26 de abril de 2017

Caminé, caminé por horas.

Caminé, caminé por horas,
con un abrigo negro, de invierno,
bajo un sol abrasador. 

Caminé, caminé por horas, 
junto al puerto, en el borde, 
jugando a ser equilibrista.

En varias ocasiones me hubiera dejado caer,
agotada, para flotar, 
para notar el roce del agua salada en mi piel.
Pero no, solo seguí, mi rumbo,
dejando mis pies arder,
como si se fueran a caer.

Descanso, camino, dolor
duele el doble,
pero no importa, sigo, camino, 
mientras apoyo el peso en la punta de los pies. 
No me quejo, solo camino, 
por el centro de la plaza, 
entre las palomas,
que no se inmutan, 
de que pasan entre ellas, unos pies. 

Caminé, caminé por horas, 
rumbo a mi casa, 
dejando atrás mi alma cansada, 
que sigue caminando completamente desesperada.

En la plaça,
junto las palomas, 
repitiendo una y otra vez: Caminé, caminé por horas.